Como bien sabe todo editor de Wikipedia, uno de los mayores placeres del universo consiste en corregir al prójimo, un placer que es tanto mayor cuanto menor es la inteligencia y la autoestima del corrector. Tres son las formas que reviste en Wikipedia la primitiva estrategia dialéctica que hoy nos ocupa:
- Se puede tener razón en Wikipedia porque se es capaz de repetir cien mil veces lo mismo hasta que todos los participantes huyen despavoridos.
- Se puede tener razón en Wikipedia porque se es bibliotecario, los bibliotecarios tienen botones, y los botones sirven para bloquear a las personas.
- Se puede tener razón en Wikipedia porque uno tiene siempre la razón en todas las discusiones.
La primera variante ya ha sido objeto de análisis en este blog de mis amores, exige básicamente renunciar a los placeres de la vida social para obtener así el tiempo necesario como para aburrir a todo el mundo, así como una licencia especial de trollerío expedida por su Graciosa Majestad La Cardenala; su máximo representante es el inefable Wikisilki. La segunda de ellas -la amenaza chulesca y barriobajera- será objeto de un próxima entrada, sólo exige disponer de los botones de destrucción de los bibliotecarios, y su máximo representante es Kordas. La tercera de ellas será desmenuzada en lo que sigue.
Uno de los grandes principios teóricos establecidos por los padres fundadores del proyecto y que aún hoy guían su rumbo dice así:
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Tanto los vivliotecarios como los Grandes Wikipedistas tienen siempre razón, incluso cuando se equivocan.
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En efecto, el núcleo duro del vivliotecariado, #losmismosdesiempre y los más Grandes Wikipedistas de la Historia (PSOEtronas y Escarlati) no sólo no se equivocan jamás, sino que -en el peor de los casos- tienen a su disposición toda una cohorte de sirvientes descerebrados (el núcleo duro del vivliotecariado y #losmismosdesiempre, precisamente) que vigilan permanentemente sus páginas de discusión y cuando detectan cualquier conflicto de los prebostes acuden como chuchos de presa enajenados a defender a sus amos.
Tenemos, por ejemplo el caso reciente de PSOEtronas colocando por ignorancia un ridículo cartelito de Fuente Primaria a “Valores predictivos”, un artículo impecable, donde pudimos ver cómo Mercedes / Gusgus y Ensada acudían cual bisontes enloquecidos (la una desde el ancianato, el otro desde el cibercafé más cercano a la esquina de la parada de taxis donde trabaja) a eliminar las referencias aportadas en un sabotaje en toda regla, desbaratando el artículo si hacía falta con tal de evitar el previsible ridículo del jefe de ambos.
Ilustremos, empero, la entrada de hoy con un ejemplo más reciente y -si se quiere- enternecedor, pues en él se halla implicada la pareja de tortolitos virtuales de moda en Wikipedia: Escarlati y Maragm -él conserje de instituto, ella marchita nonagenaria- se conocieron hace menos de dos años, pero la inmediata simpatía que sintieron el uno por el otro fue transformándose poco a poco en arrumacos y cucamonas cada vez más subiditos de tono en sus páginas de discusión, para acabar fraguando finalmente en un amor que no por no haber sido aún consumado pierde valor a los ojos del galán Escarlati, poseedor -eso quiere pensar él- de la gallardía de un Cid Campeador, del ingenio de un Quevedo y de la caballerosidad de todo un Quijote.
Bueno, a lo que vamos, que se me va la cabeza y las historias de amor me aburren. Seré breve:
Fecha: 12 de noviembre de 2011
Lugar: Wikipedia
- Un gracioso, como los hay a millares, vandaliza el artículo desde una IP, no sólo cambiándole el nombre a la isla por el de “Mid Island”, sino también eliminando el excelente mapa que ilustraba el artículo, que permanece más de cuatro meses en ese estado.
- Un lector anónimo se apercibe del error, y también desde una IP, corrige el fallo.
- Escarlati, el Gran Editor, elimina la corrección por ignorancia o por no haberse tomado la molestia de leer, devolviendo el artículo a un estado deplorable.
- El lector anónimo, desconcertado deshace la patosa “corrección” del genio aragonés, señalándole su error y pidiéndole explicaciones que éste, fiel a su costumbre, no se digna en ofrecer. El gran Escarlati nunca pierde el tiempo con semejantes menudencias.
- La cibernovia, alertada por su lista de seguimiento, se percata de que el honor de su amado está en apuros. Sabedora de que que éste no se rebajaría jamás a reconocer que se ha equivocado, y consciente de la necesidad de tenerlo contento si quiere ser rescatada del geriátrico, se dirige rauda como el rayo en su auxilio. ¡Qué gran partido es un conserje!
- Cual elefanta en una cacharrería se persona en el artículo para deshacer la afrenta. Poseída por la furia y la senectud, y con los ojos inyectados en sangre, deshace de nuevo las correcciones para devolver así el artículo a su estado lamentable. Lo primero es lo primero: ¡nadie corrige a su amante Escarlati!
Eso sí, para que la burda maniobra no se note demasiado, aprovecha para hacer unas importantes “correcciones” (quitarle los puntitos a los números) al artículo, que permanece sin su mapa.
- Finalmente, la añeja amante se percata de su error y reincorpora el mapa de marras al artículo. Todo ha quedado exactamente igual que antes de la patosa aparición de la Roca Monolítica, pero ahora Escarlati...
¡TIENE RAZÓN!
