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domingo, 24 de marzo de 2013

Instantáneas V: Lost in Translation



Del imaginario Japón de nuestra infancia me traslado al presente y toca hacer balance: El blog ha cumplido dos años, de forma simultánea a la mayor masacre de bibliotecarios cometida en tiempos de paz. 
 
Este silencioso terremoto ha carecido de insultos velados, recursos al TAB y cafeteo incesante, gracias a que #losmismosdesiempre se hallan reducidos en la propia Wikipedia a antiguallas de Museo del Recuerdo o, como Wikisilki, una curiosidad zoológica cuyas muecas hacen reir a los niños (fuera de ella, siguen reclutando aprendices de trol).
 
En estos dos años, a los amortizados Ecemaml y Mar del Sur, hay que sumar los desbotonizados Bucephala, Cratón, Gaeddal, Ganímedes,  Ignacio Icke (antes Chabacano), Sanbec (con mugido final) y Yonderboy. Bien es cierto que la Cardenala, Cookie, Petronas, Piripi o Resped aún andan en busca y captura, y que Obelix83 ha reaparecido solo para fichar, pero en general es innegable que el ambiente es más sano y seguro para los editores, y hasta la cuadrilla de BetoCG, Ezarate, Netito777 y Snakeyes han reducido su tono autoritario, mientras su líder Magister refina sus modales.
 
Nuevos bibliotecarios los están reemplazando a través de las CABs que se suceden sin pausa y que incluyen viejos conocidos, como Gaijin o Poco a Poco. Ambos son buenos trabajadores e insisten en volver a presentarse a bibliotecario con terquedad suicida. El primero, haciendo honor al significado de su nombre (*), sigue perdido en la traducción sin saber por qué no le escogen. Y uno, aún en en el inicio de esta primavera, se pregunta por qué la Wikipedia de una lengua multinacional sigue siendo tan poco acogedora y tan cerrada.
 
 
 
(*) Extranjero, en japonés.

domingo, 1 de abril de 2012

Placeres del Infierno X: El orgullo de ser bibliotecario




La flor y nata del vivliotecariato es.wiki -Pi / Piripi, Anna / Cookie, Ecemaml, BetoCG, Netito777, Andreateletrabajo y otros (Cratón esta vez estaba de vacaciones)- arguye educadamente en el Café en defensa del mantenimiento de sus privilegios.



Jimbo Wales (2003)

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El colectivo vivliotecaril anda revuelto. La insolencia de las clases bajas editoras parece no conocer límite, y las nuevas generaciones de vivlios miedicas y pusilánimes se revelan incapaces de poner coto a la despreciable patulea que ahora tiene la osadía, cual turba enloquecida, de reclamar un examen periódico a la actividad vivliotecaresca y limitar en tiempo y forma el poder ilimitado del que,
con carácter vitalicio, vienen disfrutando hasta ahora nuestros más insignes adalides. Con la venida a menos de los Grandes Padres Venerables de Nuestro Proyecto  -los tiranos Ecemaml, Petronas, Résped o el mismísimo Dodo, por citar sólo unos pocos-  ¿en qué ha quedado aquella figura del Vivlio con Mayúsculas, dueño y señor de la vida de los editores y del contenido de los artículos a quienes todos debían rendida obediencia? ¿Dónde ha quedado el respeto a la Figura Sacrosanta y al Poder Infinito del Vivlio, la obediencia ciega a sus dictados, el sometimiento fiel a su arbitrio, el acatamiento sumiso a sus vejámenes? Atras quedan, ¡vive dios! los días en los que la vida y el honor y de la escoria editora pendían del capricho de la Casta Bibliotecaria, siempre dispuesta a blandir la Espada de la Justicia ante el más mínimo signo de irreverencia de la vulgar canalla. ¡Ah, si el gran Hispa y sus legiones de aduladores levantasen la cabeza!

Que quede bien claro, lector impío, que no cualquiera es apto para alcanzar el vivliotecariato. Sus glorias están reservadas a un pequeño y selecto grupo de genios escogidos, lo suficientemente idiotas como para resultar del todo inútiles desde el punto de vista editorial pero a la vez lo suficientemente inclinados hacia los placeres del poder virtual; lo suficientemente motivados como para iniciar el largo y difícil proceso de establecimiento de contactos y búsqueda de apoyos mutuos sin el cual nadie en su sano juicio se enfrentaría con éxito a una moderna CAB; lo suficientemente disciplinados como para no poner jamás en duda las directrices y consignas de sus superiores (cualquier signo de Pensamiento Independiente, por pequeño que sea, será -en efecto- severamente castigado por los votantes y los diversos lobbys que pululan Wikipedia); y capaces -sobre todo- de hacer cualquier cosa (¡cualquiera!) por la consecución de los votones de poder. Semejantes habilidades, digo, no están al alcance de cualquiera, y sólo los mejores -los más pelotas(*), los más estúpidos, los más ávidos de poder, los más improductivos, los de naturaleza más corrupta-, serían capaces de enfrentarse con garantías de éxito a un proceso de elección como vivliotecario.

El camino al vivliotecariato es, pues, duro  y proceloso, pero a la repugnante (y envidiosa) escoria editora no parece entrarle en la mollera que, por ello mismo (y como premio a las incontables sesiones de participación cafetera en la afanosa búsqueda inicial de popularidad; de incontables mensajitos de admiración y respaldo en las páginas de discusión de potenciales padrinos; y de incontables votaciones en consultas de borrado -naturalmente siempre a favor del borrado de los artículos-), una vez alcanzados los votones de poder, éstos han de pasar a manos del vivliotecario para siempre. Porque se lo ha ganado. Porque se lo merece.

Se han dicho muchas tonterías sobre los vivliotecarios: que si son autoritarios y caprichosos, que si son malos editores, que si sólo sirven para borrar artículos y bloquear a los que editan, que si se aferran a sus votones como a un clavo ardiendo, que si son corruptos y se protegen entre sí, que si utilizan los votones para suplir sus carencias afectivas, que si la organización de su casta es un reflejo del apego por el poder y la apariencia, del nepotismo y de la corrupción característicos de las culturas panhispánicas, que si no debería sustituirse el pomposo término de "bibliotecario" por uno más acorde con sus verdaderas funciones como cargo auxiliar al editor (como el de "barrendero", “sirvienta” o “chacha”, por ejemplo), que si son tontos del culo, que si bla, bla, bla...¡Tonterías! El culto a la figura del Vivliotecario y a sus votones de poder debe continuar siendo horizonte y guía de la vida comunitaria, y por otra parte, ¿acaso no mirarías bien, lector sincero, de primar a los tuyos ante que a nadie? ¿Acaso no le darías -si tuvieras la oportunidad y el carguito adecuado- un pequeño empujoncillo a tu propio hermano, primo o cuñado antes que a un cualquiera? ¿Quién mejor, pues, que
los vivlios de la Wiki para echarse una manita entre ellos de vez en cuando y barrer la basurilla debajo de la alfombra?

Pues no. Para vergüenza de la Clase Alta Vivliotecaria -incapaz a lo que parece de pisotear a la nueva ola de listillos contestones que les ha surgido cual infecto grano de pus-, la Revolución de los Monos Furiosos(*) ya se ha puesto en marcha, parece no tener frenos y da la impresión de estar destinada a acabar en una ignominiosa vorágine de destrucción votonil e irreverencia hacia los Grandes. Pero por el amor de dios, ¿cómo queréis quitarle -gente indigna y asquerosa- los votones que le tocaron en la tómbola que era la Wikipedia hace ocho años a una pobre anciana caduca y chocha que vive con la sola ilusión de mantenerlos? Hasta el mismísimo Mr. Imparcialidad en persona (más tonto últimamente que las uñas de los pies y firmemente decidido a ocupar el vacío que sus amiguis Ensada, Mar del Pus y Giliwilki dejaron como reyes indiscutibles del trolerío es.wiki) tuvo que dejar a un lado sus actividades editoriales habituales (lamerle los pies  a la  Cardenala, lamerle los pies a Anna / Cookie, lamerle los pies a sus compañeros del Bloquéame, declarar su adhesión incondicional hacia sus jefes corruptos), para balbucear la consabida retahila de estupideces vivliocorporativistas a los que ya nos tiene habituados, todo ello sin dejar de privarse -ventajas del cargo, hoygan-  de descalificar a sus oponentes, carcajearse de quienes no comparten su idílica visión del vivliotecariato y, ya puestos, de vilipendiar gratuita y abiertamente a todos los proponentes y avales de anteriores RECAB, indignado como estaba hasta las trancas ante las ya insoportables muestras de irreverencia de la chusma editora.

Pero la cosa no acaba así, porque si todo el cuerpo vivliotecaril hubiera dado un paso al frente, ejecutando sumariamente (como siempre se ha hecho) a los cabecillas de la revuelta, la cosa no habría ido a mayores. Pero no: el lobby IRC calló, siguiendo las directrices del gordito, y sólo los mejores vivliotecarios de la vieja guardia, los más valientes y apegados a su cargo (Anna / Cookie), los más abnegados y corruptos (Ecemaml, Piripi), los más estúpidos (y al mismo tiempo los más orgullosos de sus votones, dos habilidades que suelen ir de la mano: BetoCG, Andreateletrabajo, Anna / Cookie, Pi / Piripi), o los más inútiles (BetoCG, Netito, Pi / Piripi), tuvieron las agallas de salir como leones enfurecidos, en abierta defensa de los intereses de los de su casta.(**) Sólo los verdaderos y auténticos vivlios a la vieja usanza, esos héroes de corazón que viven aferrados a sus votones y al placer irremplazable que éstos le proporcionan, representantes últimos de una honorable y antiquísima tradición consagrada en cuerpo y alma al borrado y poda de artículos y al genocidio del populacho, tuvieron, en efecto, las agallas de plantar cara a las inmundas hordas editoras. Y así fue como la Teleburra, blandiendo el invisible báculo de poder que le fue conferido en su elección amañada e in extremis, cerró de una vez por todas aquella abyecta ignominia, dejando claro ante todo el mundo, una vez, más quién tiene los cojones la sartén por el mango en esta maltratada Wikipedia de mis amores.    

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(*) Entrada en preparación.
(**) No verá el lector en esos fregados a un Millars o a un Lucien (por citar dos vergonzosos ejemplos), dos sabelotodos cuatrojos demasiado “ocupados” con sus
“articulitos” y sus “labores de edición” (¡JA!) como para preocuparse de las cosas verdaderamente importantes. ¡Y es que no todos los vivlios son iguales, caramba!